Varios interrogantes de gran interés, pueden plantearse a partir de las expresiones del ministro de Ciencia y Tecnología de la Nación, Lino Barañao. En sus declaraciones, que publicamos hace dos días, afirmó que se asiste a "un decaimiento de las carreras científicas" tanto en la Argentina como en el mundo, debido a que "los jóvenes no identifican el ascenso social con la investigación".

Piensa el ministro que para contrarrestar esa realidad, se precisa una política de "seducción" a los estudiantes, con recursos como un canal de televisión que publicite intensamente las especialidades científicas; ello además de difundir, en la juventud, la perspectiva de que esa índole de carreras puede generarle un ingreso de real importancia en el futuro.

Por otro lado, la vicerrectora de la UNT, Alicia Bardón, piensa que el problema reside en que la oferta académica referida a las ciencias, presenta obstáculos que desaniman al estudiante, como por ejemplo el examen de ingreso, o la apelación a un "desafío intelectual" que le exigirá esfuerzos. Y, ante eso, busca "atajos más fáciles". Afirma Bardón que hay que formar "generaciones de maestros creativos", capaces de alentar, desde las aulas de la escuela, el interés por mirar el mundo y tratar de comprenderlo: mirar "más allá de lo que se ve", y sentirse atraídos por la experimentación y la explicación consiguiente de los fenómenos.

Verdaderamente, resulta curiosa la existencia de una situación como la delineada. Justamente, estamos inmersos todos en un mundo donde la ciencia y la tecnología juegan un papel absolutamente protagónico: papel que, según nadie duda, habrá de acentuarse hasta extremos impensables de aquí en adelante. Todo eso no puede sino indicar que, en el futuro inmediato, las mejores posibilidades estarán del lado de quienes se formen en la ciencia, y que tendrán una clara ventaja sobre los que se dediquen a otras carreras, en lo que a la inserción laboral respecta. Vistas así las cosas, pareciera extraño un desfasaje entre los evidentes requerimientos de la sociedad moderna y los campos que parecen más atractivos al estudiante universitario.

Pensamos que los conceptos de la vicerrectora de la UNT suenan como más adecuados para encarar la cuestión. Hay que pensar que el problema reside, en buena parte, en que no se presenta tempranamente a los jóvenes las perspectivas verdaderas de las carreras científicas. La escasez de maestros capaces de encender la inquietud respecto de ellas, hace que a los ojos del niño y del adolescente, aparezcan rodeadas de dificultades aparentemente arduas de sortear. Y si a eso le sumamos la tendencia moderna a orillar todo lo que signifique un esfuerzo de la mente, la explicación del rechazo se muestra bastante clara.

En realidad, todas las disciplinas tienen sus ángulos difíciles, y nada perdurable se puede conseguir sin esfuerzo, en ninguna de ellas. Tarea del maestro será, como dice la vicerrectora, estimular en quienes educa esa curiosidad por experimentar y por comprobar, junto con todas las otras. Y ganar así adeptos al estudio, tanto de las carreras tradicionales como de las que sólo por simplificar se llaman "científicas", ya que en realidad todas lo son. En esto está implicado el progreso del país. Claramente lo dijo, ya en 1914, Joaquín V. González, al inaugurar la UNT. "La doctrina del éxito tendrá sus aforismos tentadores, pero sólo sé que nada que no se halle fundado en la ciencia o no coincida con sus métodos, tiene duración ni vitalidad efectivas". Y agregó que "sólo la difusión de las ciencias, generales o especiales, teóricas o aplicadas, sobre la base natural de una vasta labor preparatoria de la mente colectiva por la escuela, puede llevar a los Estados a su verdadera independencia y autonomía moral y económica".